Queridos Ripyaficionados, pasen. Tomen asiento. Ponganse cómodos y escuchen lean lo que tengo para ustedes.
Como si estuviera escrito en los viejos libros de altamar, un ciclo se ha cumplido en esta relación que tenemos, llamada Filosofía de Bolishop. Cuando comencé con este espacio, ya hace más de 12 meses, arrancamos con la nave con el casco de punta, a devorarnos los 7 mares. Sin embargo, con tan solo un mes en el agua, todo pareció aplacarse, mermar en un desierto acuático como la película “WaterWorld”, así de similar y así de embolante. Luego de perdernos en esa bruma que casi logra esfumarnos en el olvido de todos ustedes, regresamos – o regresé mejor dicho, porque no es que desmerezca a mi tripulación, pero entre los motines, los que abandonan el barco, los que se mueren así sin querer y las que quedan embarazadas…uno se hincha un poquito, ¿vio? – con toda la furia de Poseidón para traerles las extraordinarias y rutilantes bifurcaciones de la realidad, que nunca esperaban enterarse, por mas que ya las sabían.
Esta vez, por más que luego del primer aniversario, parecimos volver a perder el rumbo y, efectivamente, caímos en el olvido de todos ustedes – porque nunca más aparecieron wachos! – no fue por que el mar no nos trajera nada, si no por el hecho de que su Capitán, estuvo cara a cara con La Flaca y por mas que supe superar sus pruebas con todo éxito, costo mucho tiempo para recuperarme y confieso, creí no volver a comunicarme con todos ustedes. Una vez recuperada la conciencia, que fue lo mas difícil de todo ya que nunca antes había tenido una, el siguiente paso fue recuperar por completo el dominio de las funciones de mi cuerpo, que maltrecho y descuajeringado, parecía un muñequito de un huevo Kinder del ‘94, los calcos despegados y despintados, las articulaciones totalmente vencidas y lleno de marcas de dientes por todos lados.
Para lograr la ardua tarea de devolver a mi cuerpo su total efectividad y funcionamiento, tuve que internarme en una clínica de rehabilitación en la provincia de Misiones, camuflando toda la operación como otro viaje de exploración. He ahí la verdad, mis apreciadísimos lectores, el viaje del cual todos ustedes exigen anécdotas – aunque cuando yo exijo comentarios todos silban y miran para otro lado – no fue mas que una pantalla para mi estadía en la clínica “Nuestra Señora de los Que Se Pasaron de Rosca”, donde a base de psicoterapia, rehabilitación en el agua, comer gelatina y jugar al LudoMatic hasta quedar pelotudo, pude volver en todo mi esplendor y mas dispuesto que nunca a llevarme este mundo por delante.
El primer golpe de este viejo mundo al nuevo yo, fue encontrarme con mis nuevos ojos a mi viejo barco. ¿Como describírselos?, amo al S.S. Corazón del Barril de la Calle Morgue como todos ustedes, pero esta roído, descascarado, oxidado y su parte mecánica dejó tiempo atrás su rendimiento óptimo. El barco en este momento presenta la apariencia de un frasco de vidrio lleno de miel, que cayó desde un estante alto. El dorado alimento conserva todas sus características y esplendor, pero la realidad es un quilombo, complicado de limpiar y con serias posibilidades de terminar herido y hecho un asco. Sin embargo con buena voluntad, fuerza y todo su apoyo – tranquilos, no les voy a pedir plata -, nuestra embarcación volverá a ser el Leviatán que desafiara las violentas corrientes de este viejo y gruñón planeta. La misión más difícil de todas me espera, pero la comentare mas entrada la semana, mientras tanto…
Recuperado en totalidad y ansioso de retornar a mis actividades cotidianas, el día sábado fui invitado a participar de un partido de balompié disputado entre el “Club Atlético Unos Amigos Míos” y el “Gimnasia y Tiro de Los Amigos de La Costa de Uno de Mis Amigos” el cual terminó con un tanteador de 10 a 9 a favor del equipo donde jugaba su servidor. No puedo decirles que fui un barrilete cósmico porque en realidad me parecí mas a un barquito de papel hecho con un volante que te dieron en la calle mientras estabas aburrido y muerto de frío, esperando el 45 para volver de Ciudad Universitaria a Lanus, un jueves a las 23:25, pero tuve mis momentos deportivos, como eludir a dos contrarios para luego errarle a la pelota en la definición o tirar un caño que fue respondido con su correspondiente patada de puntin a mi canilla. Si cuenta como habilidad deportiva las ganas de vomitar todos los órganos internos y rezar a los gritos dentro de mi cabeza que por favor, por favor, se acabara el partido por dios, también me lucí mucho con eso. Sin embargo, la nota alta del partido se dio cuando en pleno cabezazo despejante - o pelotazo al ojo, como mas quieran verlo – una ficha se acomodo dentro de mi tintero y pude ver la verdad de todos los enfrentamientos deportivos entre desconocidos: SI UN AMIGO TUYO TE INVITA A JUGAR UN PARTIDO DE FUTBOL CONTRA UN AMIGO SUYO Y SUS AMIGOS ó UN COMPAÑERO DE LA FACULTAD Y SUS AMIGOS ó UN COMPAÑERO DE TRABAJO Y EL RESTO DE LA OFICINA MAS ALGUN AMIGO, ES PORQUE TE TIENE BRONCA Y MUCHA. Y QUIERE HUMILLARTE. O QUE TE HUBIQUEN.
Lo había notado levemente alguna vez en un viaje por Burquina Faso, pero por chistes obvios no estaba en completo dominio de la realidad, pero ahora pude vivirlo en carne propia. Tuve que pasar por todas las posibilidades de la ecuación para poder dar un resultado exacto y este fin de semana pude alcanzar la respuesta. Ese amigo tuyo tiene ganas de surtirte pero por razones protocolares no lo hace por sus propios medios. Primero te llama por teléfono y por mas que uno lo ve todos los días y nunca se interesa por tus logros a menos que le convengan a él, hace falsas pregunta que suelen hacer esos que solo califican como conocidos: “¿Todo Bien?; ¿Cómo va la Facu?;¿El Laburo?”; para culminar con un tímido, “Che…tenes algo que Hacer Esta Tarde?”. Si uno responde que no y accede a la propuesta, esta firmando a ojos cerrados su propia sentencia de muerte – lo de a ojos cerrados es un decir, porque uno, sin salir aun de la analogía, ve donde es que esta firmando, pero en realidad no se da cuenta, por eso di la imagen de a ojos cerrados, aunque si estan cerrados no se ve la imagen -.
Una vez que uno llega a la cancha, vistiendo un uniforme Frankesteniano compuesto por un par de medias rojo furioso, un pantalón de fútbol de algún club que uno quizás no sepa como pero siempre tiene uno y una remera con las mangas cortadas que con esfuerzo se puede leer la frase “Salven a las Ballenas ‘92”. Mientras tanto, cuando uno esta exponiendo todas sus partes nobles en incómodos y poco probables movimientos elongativos, ahí cuando uno, al estirar una gamba siente vientito en partes que suelen estar selladas al vació, suele llegar el equipo contrario en el cual, uno, que es el amigo de su amigo, petiso, flaquito y con cara de que tiene novia, hace mucho tiempo y van a terminar casados o se peleara y no tendrá nunca otra novia en su vida, se separa de los otros mastodontes que entran con cara de mano derecha de malo de turno de película de James Bond, los cuales siempre cobran, pero en la primer escena que aparecen meten un julepe importante porque parecen muy, muuuy pistolas. Dicho personaje, denominado ahora como “El Cómplice” saluda calidamente a el amigo de uno, de ahora en más “El Entregador”, mientras el resto de los contrincantes, se quitan sus equipos de joggin ADIDAS, para revelar medias, pantalón y camisetas en juego, hecho que previa mirada de reojo a “El Entregador”, antes de que uno diga una palabra el responde “Si…juegan en torneos, no les des bola”.
Previo a todo esto, en el camino hacía el club, uno le pregunta a su amigo si conoce a los contrincantes y/o si juegan bien, a lo cual “El Entregador” dice no conocerlos pero asegura que uno es un gordito y que “No puede jugar a nada”. Pero ahora no, ahora ya es tarde, los jugadores estan en sus puestos y vos tenes por delante a 5 clones con pocas pulgas y de tu lado de la cancha se encuentra uno, su amigo, otro conocido de las canchas, el hermano de la novia del conocido de las canchas y uno de los suplentes de los contrarios – porque traen suplentes - que se lo prestan a uno, porque ¡Oh Casualidad!, falto uno de los nuestros – si es que se puede tener un sentimiento de pertenencia o camaradería por un grupo de personas reunidas en pos de que uno se vaya disfrazado de moretón y con la moral deportiva por el piso.
Sin embargo, mis lectores come-uñas a esta altura, el amigo de uno no cuenta con el detalle que a traves de los años los dibujos animados y todas las películas deportivas de Disney – inclusive la del perro que juega hasta Polo – nos han demostrado y es el cual afirma y demuestra que si uno al contrario le queda petiso, tiene la ropa con menos color y en algún momento se lesiona pero sigue jugando, va a terminar ganando el partido y así fue. Repito que no aporte nada al deporte y que lo único que festejo es no haberme desmayado, pero al salir rengueando pude ver como mi amigo y uno de los mongoloides futbolistas contrarios sonreían para si. Puedo decir entonces que todos salimos ganando. Si no contamos claro, mi dolor de cintura, tobillos, cabeza, orejas, y respectivos dedos gordos de los pieses
Así que ahora saben, nunca confíen en ese amigo que hace sonar el celular de uno – bueno el mió no porque lo perdí – un sábado a las 3 de la tarde – si ya se que es el quinto celular que pierdo – porque lo mas probable es que el hielo a la noche no lo usen solo para el fernet. No obstante, el hecho de haber sobrevivido y encima ganado el partido, demuestra que el Capitán, SU Capitán esta de regreso y no va a ser fácil derribarlo – si surtirlo, eso no lo niego – ¡¡¡Pero no derribarlo!!!
Hasta dentro de unos días adoradísimos lectores!
- Si ya se que no puedo seguir perdiendo celulares, ¡Que queres que le haga! -